El contador y la lectura

¡Lee un buen libro!, es el consejo que un padre de familia o un profesor siempre dio y en la actualidad debiera darle a sus hijos y con esa práctica también aprendemos a leer, a saber interpretar y darle el sentido a lo que leemos y es que la lectura nos amplía nuestro espectro de conocimientos, aumenta nuestro buen vocabulario y nos da mejores herramientas para redactar y en nuestra profesión esto nos hace mejores, para enfrentar a cualquier empresario en calidad de cliente, para utilizar las palabras adecuadas y poder hablar del tema que se requiera, para redactar cartas, ofertas, contratos y nuestros informes, para entender los documentos que recibimos y las leyes que se promulgan. 

Nuestros ancestros contadores, y me consta, se caracterizaban por una gran biblioteca llena de libros de contabilidad, de impuestos, de leyes, de obras literarias, etc. Y entablar una conversación con un contador, fuera empírico o titulado, era aquel personaje en quien el empresario encontraba un verdadero soporte y una gran confianza. 

En la actualidad, encontramos profesionales con escasos recursos idiomáticos para escribir y redactar, profesionales con quienes no se pueden tocar temas de cultura general, de actualidad, de historia, de economía. Lo que implica que el profesional cometa errores porque no sabe interpretar una norma, no comprende el sentido del documento que llega a sus manos, lo que genera que el cliente no pueda tener una gran credibilidad ni una confianza adecuada, ya sea porque se motivan errores en la empresa o porque el empresario se da cuenta que el profesional está equivocado. 

Desde otra perspectiva, el contador o profesional consciente de su falencia pero necesitado convierte el cargo o la asesoría como un producto de cualquier mercado, en donde el profesional se ofrece a bajo precio esperando que el empresario utilice la expresión típica en el comercio “¿por qué tan caro?, bájale un poquito” y la respuesta ya la saben “¿cuánto paga usted?”. En el mundo de las empresas y la contabilidad se sabe que, “hay un contador que lo hace más barato” y efectivamente vamos a encontrar uno más barato. 

Si como contadores sabemos que tenemos los conocimientos suficientes, si nuestra postura es profesional, si podemos enfrentar cualquier tema de conversación, si sabemos cómo ejercer nuestra profesión, si sabemos interpretar un escrito, eso nos hace verdaderos profesionales y entramos en el grupo de quienes no dan descuentos ni rebaja, porque estamos seguros que valemos y que el empresario va a tener un verdadero soporte un verdadero profesional, como los buenos médicos, los buenos ingenieros, los buenos abogados, etc. y ser o volvernos BUENOS CONTADORES y si este tema lo conocieran todos los contadores y lo pusieran en práctica desde ahora, porque aún estamos a tiempo, si me ayudaran a divulgar este escrito y quien lo ponga en práctica lo haga sinceramente de corazón, en un futuro cercano, nuestra profesión recuperaría LA DIGNIDAD. 

¿Y qué podemos decir de los contadores contratados como empleados directos? De ese tema hablaremos después. 

Germán Diego Guzmán Quinche
Contadoro Público
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