¿Cuándo el contador se convierte en todero?

En estos días alguien me contó de una empresa que, de manera, no se sabe si inocente o premeditada estaba ofreciendo precios muy bajos en ventas con más productos, situación que  estaba afectando las utilidades y me consulta sobre, en quién recae la responsabilidad del  control o de la información a las directivas, y la respuesta es obvia, al departamento de finanzas  y/o a la revisoría fiscal.  

Sin embargo, surgieron varias situaciones:  

Si la empresa no tiene departamento de finanzas es responsabilidad del revisor fiscal informar la situación, pero si la empresa no tiene departamento de finanzas ni revisoría fiscal, por ser  microempresa ¿a quién le corresponde la responsabilidad de informar?, en este caso se presume  que el representante legal debe ser conocedor de finanzas para tomar decisiones ¿y si el  representante legal desconoce el tema y está siendo engañado?, ¿a quién le corresponde informarlo? Y si el representante legal está afectando a propósito a la empresa, ¿a quién le  corresponde informarles a los socios?  

Se han emitido muchos conceptos, sobre que el contador solo presenta los informes, que el  contador en los casos en que no hay revisor fiscal, debiera cumplir algunas de sus funciones,  pero cuales. De tal manera que en principio el contador no sería responsable de informar, más  si en el contrato y por principio, sólo se establece que es una asesoría contable, que incluye  algunas veces la digitación y la presentación de estados financieros, así las cosas este contador  no sería responsable de informar ese tipo de irregularidades.  

Pero si esta situación lleva a una quiebra, o una intervención de alguna entidad oficial o de la  justicia civil o penal, el contador de la empresa en donde queda, porque de inmediato pasa a  formar parte integral en las investigaciones y responsabilidades, y si así fuera y resultará responsable por omisión y hasta complicidad, no hace que en adelante todos los contadores que  prestan sus servicios a una empresa sin revisor fiscal y sin asesor financiero, sean totalmente  responsables y estén obligados a salir de su contrato de asesor contable y de manera gratuita se  conviertan también en revisor fiscal y en asesor financiero.  

Esto pone al contador en una situación difícil, y previamente a proponerse como asesor debe  incluir dentro de sus honorarios y establecerlo en el contrato, los casos en que tenga que  informar irregularidades financieras o denunciar delitos y para ello el deber de soportar el  informe y/o la denuncia, lo que implicaría un trabajo adicional, una mayor responsabilidad y por  lo tanto un costo adicional, que si el firmante del contrato es quien comete la irregularidad,  lógicamente se negaría a pagar y esto nos lleva a iniciar un proceso por el cobro de esta cláusula  del contrato.  

Con este tipo de situaciones se evidencia que nuestra profesión realmente no está siendo valorada en toda su dimensión, especialmente en quiénes asesoran a pequeñas empresas, a  microempresas y/o empresas familiares, porque en estos casos el contador se convierte en un  todero y en el máximo responsable ante las autoridades, pero por nuestra mala tradición y poca  solidaridad, los honorarios por estos servicio y responsabilidades son relativamente bajos y  nuestra guerra del centavo entre profesionales no ayuda.  

Germán Diego Guzmán Quinche
Contador Público
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